domingo, 2 de diciembre de 2018

Incendio

Sos fuego inmarcesible
de belleza, inteligencia y fortaleza;
sos como una valiente flor
en mitad de la guerra, aunque
a veces te quiten algunos pétalos.


Tus alas son tan grandes que podrías
alcanzar el sol con tu vuelo; de hecho,
vos lo incendiarías a él con el fuego
que almacenás en tu interior. 



Y aunque a veces lo sientas apagado
podés reavivarlo recuperando
esa confianza en vos,
que alguna vez te quitaron.



Podrías bailar al ritmo de tus latidos
para encontrar de nuevo
esas ganas de alcanzarlo todo,
la sed de justicia,
el derecho a elegir.



Podrías encenderte, 

que el mundo está inflamable.
Este es tu momento.
Aunque en ocasiones te sienta sola,
la sororidad siempre te acompañará.




jueves, 1 de noviembre de 2018

La incandescencia de la presencia

                       


Te amé.
Te amé tanto que hubiera dejado
mi café enfriarse en casa,
solo para ir a calentar tus sábanas.
Te amaba con tal locura
que no necesitabas decir "ven"
que yo ya estaba ahí para vos.
Te amé tanto que hubiera dejado
todo atrás si me decías "seamos solo
vos y yo, olvidémonos del mundo ahora",
y vos... tan tonto, que no te dabas cuenta
que yo ya me olvidaba de todo estando con vos.
Y es que en tu presencia olvidar
era mi acto con más presencia y vehemencia,
porque en mi demencia mientras estaba con vos
olvidaba lo que tenía que recordar,
y recordaba lo que tenía que olvidar. 
Te amé tanto que hubiera escrito libros y libros
con cursilerías y, de hecho, lo hice y no ha sido suficiente.
Porque ni yo que escribo poesía he podido encontrar
la palabra correcta para expresarte lo que siento,
pues todo esto ha transgredido, traspasado, y transversado
todo lo que por vos sentía,
ahora es mucho más;
y ese simple y vulgar "te amo" nos queda corto.

Mamihlapinatapai



Si quisiera contar el número de giros
que ha dado la tierra,
no me alcanzarían los números.
Algo así es pensar en vos,
es sentir que giro necesariamente
para mantener todo en orden.
Que alinear tus lunares
es limitar la luna a una línea nula.
Que tratar de pintarte es retratar el Arte,
es simplemente amarte.
A amarte lo haré siempre,
aunque esté en Marte.
Estas son algunas rimas que he pensado.
Ninguna persona sana mentalmente escribe,
escribimos los rotos, los sensibles, los incomprendidos,
no obstante vos, siempre has estado dispuesto a leerme,
pensando que tal vez así podrías entenderme más.
Sin embargo, todavía no entendés que yo
lo único que necesito para estar en paz
es verte dormir a mi lado con tu respiración entrecortada;
ese pequeño momento me recuerda lo valiosa que puede ser la vida
disfrutando de los pequeños momentos.
Te veo dormir y no sé quién de los dos está soñando.
Es difícil de comprender, pero con prender
tu dócil corazón entenderás este poema.

Relato II


La pobre vieja

Tuve una vecina anciana, muy anciana, nadie sabía con exactitud su edad pero en el barrio se decía que tenía entre ochenta y siete, y noventa y cinco años. Vivía con la soledad, lo que significaba que hacía todos los quehaceres de la casa ella sol. Su casa quedaba justo en frente de la mía, una estrecha calle de tierra nos separaba. La verdad es que la vieja era un misterio para todo el barrio, a mí en particular me llamaba la atención. Durante la noche la mujer sollozaba y lloraba tan fuerte que se escuchaba desde mi habitación. Algunos vecinos habían acudido a su casa para ofrecerle ayuda, pero la vieja no atendía la puerta. Una particularidad de la vieja era que siempre tenía una pequeña ventana abierta, no sé para qué.
         Jamás vi personas que la fueran a visitar, ni mucho menos que tuviera mascota, su casa era sinónimo de despoblamiento. Una sola vez mientras viví en ese barrio la vi salir de su casa para socorrer a un animal: había un perro casi inmóvil en medio de la calle seguramente había sido atropellado por un auto, si yo no hubiera estado usando muletas en aquellos años, hubiera salido a ayudarla. Se notaba que era un perro de la calle, estaba viejo, sucio, flaco, le faltaba pelo en la espalda, tenía un instinto furioso y parecía que la vida le dolía, que le dolían los golpes, el maltrato de la calle, el hambre y la poca atención que recibía. El pobre animal no quería, bajo ninguna circunstancia, que la vieja lo tocara, si hubiera podido correr probablemente hubiera huido; el dolor no le permitía moverse, pero si llorar y quejarse con tal fuerza que se volvía insoportable para los que estábamos lo suficientemente cerca. Lo cierto es que la vieja vendó al animal en el momento y lo llevó adentro de su casa, seguramente, para curarlo. A medida que el tiempo avanzaba, notable era que el perro la odiaba, no se escapaba sólo porque la mujer lo tenía encerrado.
         Cuando yo volvía de la escuela todos los días, el perro estaba acostado mirando hacia afuera (si no fuera un perro diría
«con un gran deseo de salir al sol»). Un día el perro se escapó, salió con tal rapidez que apenas lo reconocí «es libre» pensé, «quién sabe qué cosas horribles le hará esa mujer al animal» observó mi mamá. Para la suerte de mi vecina un hombre le trajo el perro nuevamente a su casa. Pobre perro
         Al poco tiempo el perro volvió a escapar, esta vez por la ventana que la vieja siempre tenía abierta. No se lo volvió a ver al animal durante días, días entre los que la pobre vieja murió. Se decía que el lechero la encontró, él era de confianza, siempre pasaba a la casita, le dejaba la leche en la mesa y tomaba su dinero; aquella vez, el lechero entró hablándole a la doña, que estaba sentada en una mecedora, mas ella nunca contestó. Aunque no todos tenían contacto con la vieja, su muerte se sintió en todo el vecindario, podía oler la tristeza entre mis vecinos, ahora ya no miraba la casa para ver qué cosas hacía la vieja, sino simplemente para verla.
         Cuando me quitaron las muletas, volví a ir caminando a la escuela, estaba emocionado, hacía mucho tiempo que iba en carro. Ya no más. Ese día volviendo de la escuela sin darme cuenta pasé por delante de la casa de la vieja, se me ocurre frenar por una milésima de segundo. Miro la casa: aún seguía la ventana abierta y, junto a ella, el perro, podría haber asegurado que estaba tieso, pero no me animé si quiera a tocarlo. Lo que sí aseguro es que en su mirada detecté la nostalgia más evidente y profunda que he presenciado en mi vida.



domingo, 28 de octubre de 2018

Invierno


Hace frío y no llevo paraguas,
llueve y no tengo abrigo.
Te dije que si te ibas volvería el invierno; 

invierto lo que llevo dentro de mi bolsillo 
para tomarme un café con sabor a recuerdos;
recuerdo que aún prefiero tu calor 
antes del amargo sabor. 
Y amar con sabor
es darme cuenta que te quiero 
incluso más que al café, 
que está cuando tú no. 

Que estuvo incluso cuando tú dijiste 

"yo te voy a arreglar la vida"
y desde entonces,
no paro de destrozarla

para que te quedes un rato más.

Nos enamoramos en otoño, 

entre días fríos y lluviosos, 
que no son diferentes a tu ausencia,
porque cuando se presenta 

aquí dentro siempre llueve.






lunes, 22 de octubre de 2018

Relato I


Ilusión de Control
Suspira. Era la septuagésima tercera vez que suspiraba en el día, su cuerpo se sentía tan pesado que al caminar arrastraba sus pies, en su cabeza sólo se sentía un palpitar que le avisaba que algo andaba mal con su cuerpo, otra vez. La vida es, para algunos, la belleza plasmada en una obra de arte, de la cual nosotros debemos y podemos disfrutar para ser felices incluso con sus problemáticas; para otros, es un enfrentamiento constante de aventuras donde algunas salen bien y otras salen mal, donde a veces acertamos y otras erramos, y esto nos da la aptitud para ser alguien, tener algo, conocer personas, participar y cambiar otras vidas. En sí, cada persona tiene su propio criterio sobre la vida, pero para Patrick la vida no existía, él sólo respiraba y veía pasar el mundo sin él, no tenía nada por qué vivir, no tenía familia, amigos, trabajo o algo que lo ayudara seguir, pues su cuerpo tenía salud pero su mente no seguía en la tierra.
 Se levantó del sillón, dejó su botella de whisky sobre la mesa y caminó por su casa con pasos lentos que carecían de rumbo alguno. Su estado de ebriedad lo adormecía cada vez más, tanto así que le volvían recuerdos a su consciente que él ya había guardado en el cofre de su pre-consciente para que no lo lastimasen día por hora, minuto por segundo; con la poca consciencia que le quedaba, notaba como su vida en aquellos minutos se volvía una analepsis  y memorias casi olvidadas llegaban a modo de flashback:  Presenciaba a una mujer con cabellos dorados y ondulados que corría y  se colgaba en sus brazos, detrás de ella aparece un niño un poco más alto que la pequeña, que le traía un sobre azul en la mano. La imagen se borra y ahora se distingue a él mismo adentro de una casa con una mujer de pelo lacio que estaba tejiendo, él le da el sobre azul y la mujer comienza a llorar instantáneamente, Patrick siente cómo le echa toda su bronca, empieza a gritarle y a empujarlo. 
Sus ojos se abren, vuelve a la realidad levantándose del suelo, en su mano tiene una cajetilla de cigarrillos y no duda en prender uno, cuando se lo lleva a su boca, se da cuenta que no era tabaco. Va hacia el baño y observa que en su rostro se plasman los rastros de las drogas que consume desde que tiene diecisiete años, tanto ilegales como medicinales; todo su alrededor se vuelve negro y su mente logra sumirlo en otro aglomerado de recuerdos: Se ve a sí mismo de jovencito en una esquina con un chico mayor que él, le da una bolsa de papel y se retira. Sobre esa alusión se superpone el recuerdo de la mujer maldiciéndolo y golpeándolo mientras sus hijos estaban en su alcoba, luego observa como los niños tomados de la mano de su mujer se marchan de aquella casa para no volver jamás.
Cuando Patrick vuelve a su realidad, le tiemblan las manos y nota lágrimas en su rostro, del baño toma un frasco de plástico amarillento e ingiere 2 pastillas. Camino por su habitación hasta llegar a su placar y acaricia unos huecos estampados en la madera. Se sienta en la cama, revisa su cajón, saca una caja, busca ese sobre color beige y cuando lo encuentra lo abre para leer lo siguiente:
"Patrick: Lamento decirte que la alteración de tu salud mental ha superado los límites que tu familia puede soportar, has hipotecado la casa a fin de ahorrar para pagar tus deudas, mas no pudiste cumplirlo. Intenté ayudarte con tu adicción a las drogas pero tú no te empeñaste en intentar arreglarlo como yo me dispuse y nos has dejado en quiebra volviendo a gastar nuestros ahorros en drogas. Sé que dejarte no es la mejor solución, pero quiero asegurarme de que mis hijos tengan un buen futuro y al lado de un padre con facultades mentales perturbadas es imposible, ya que también quiero poder pagar sus estudios para que sean alguien en el mundo y no podré hacerlo nunca sin tu cooperación. No hay rencores, Patrick, pero quiero pensar en mí por una vez en mi vida y hacer lo correcto para ser feliz. Ya que conmigo no has podido mejorar tu salud, espero que puedas hacerlo solo o con la ayuda de otra persona y que consigas ser sólo un poco feliz. No te será difícil porque siempre fuiste un egoísta que ni a tu familia pudiste proteger y querer.
María Estela"
Aprieta la carta con toda su fuerza pero no logra romperla, se quita las zapatillas, va hacia la cocina, toma su botella de whisky y sale de su casa rumbo al precipicio con el cual estaba familiarizado. Después caminar por casi 3 kilómetros llega al acantilado con su ropa y su cuerpo completamente humedecidos por la lluvia y por su propio sudor, su corazón se acelera tanto que simula salirse de órbita, su cabeza late presionando todo su cuerpo. Cierra sus puños y frunce las cejas, le pega un trago en seco a la botella de whisky que tenía la mitad del líquido alcohólico y en su estado de ebriedad comienza a caminar por el piso derrapado a razón de la lluvia dispuesto a brincar.
Pero no puede hacerlo.
Se acerca al borde del acantilado y comienza a imaginar su pasado, de nuevo: Se encuentra en una mesa aspirando líneas de cocaína, las gotas de transpiración bajan por su rostro. Se ve golpeándose la cabeza fuertemente contra su placar hasta dejarle huecos. Se recuerda en el baño tragándose decenas de píldoras psiquiátricas. Se divisa lastimado por todas partes su cuerpo para contrarrestar el dolor que lleva adentro. Se percibe sentado mezclando diferentes botellas de bebidas alcohólicas con distintos tipos de droga. Se avista incontables veces en éste mismo acantilado sin poseer la fuerza para escaparse de su propia vida.
Como le sucede a Patrick, nos sucede a muchas personas. En ocasiones de la vida, nos encontramos en un punto nulo donde no sabemos si vivimos o si respiramos pero estamos muertos; no sabemos cuándo pasó, pero nos bajamos del mundo y éste ha seguido su rumbo sin nosotros. Entonces, apreciamos la vida desde afuera, podemos captar nuestros errores y corregirlos, podemos observar quién o quiénes nos quieren en su vida y, por lo tanto, permanecer con ellos. Tenemos la oportunidad de orientarnos en la vida, ya que podemos ver para qué nos necesitan y con qué frecuencia, supone que en eso mismo nos destacamos y por ello las personas nos conmemoran. En ese momento es cuando, si queremos, damos un giro de 180 grados  y percibimos que aunque sea lo más insignificante para algunos, para otros puede ser su razón de vivir. Debemos aprender de nuestros errores, pero también debemos valorar nuestros aciertos. Todos gozamos de aptitud de ser poseedores de una cualidad positiva y si aún no la hemos encontrado, quizá sea ese el propósito de nuestra vida, recuerden que si no hemos muerto significa que algo debemos de hacer antes de morir.
Reflexionando, Patrick se dio cuenta que probablemente su cualidad positiva era ser inmune a la vida y a la muerte, si buscó morirse tantas veces y nunca lo consiguió, probablemente era una clase de "excepcionalidad" de la misma y por ello ya no se preocuparía por morir; amargo aunque un poco feliz, se disponía a hacer un cambio en su vida. Mira la botella que tenía en su mano y la avienta con toda su fuerza al acantilado, pero en el acto pierde el equilibro a causa del piso resbaladizo y su cuerpo se deja llevar por la gravedad terrestre cayendo junto a la botella por el precipicio, dando a entender que tenemos el control sobre limitadas cosas en nuestra vida y aunque algunas decisiones sean tomadas con mucha fuerza igual la vida nos puede sorprender dejando en nuestro camino la ilusión del control.

                                                    Esta imagen no me corresponde, solo fue hallada en la red.